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el viento

Hugo Mujica

Hugo Mujica

CUATRO DE MUJICA 

 

Hasta el final

vi un perro negro muerto

en la calle,

aplastado en medio de la acera, manchado,

porque nevaba.

vi la vida, allí mismo,

y no había más que eso: la coartada

del inocente: pagarlo todo.

sentí en la nieve la vida y me vi morir

como un animal que se resiste

hasta lo último

hasta el deseo de ser rematado,

hasta el gemido final,

el que pide perdón por todo crimen ajeno:

el que perdona a dios.

Viento en el viento

Viento en el viento,

llueve sobre el mar

y ni crece ni disminuye el agua.

Desnudo se es todo rostro:

un tajo es siempre un tajo entero.

Partida a partida

I.

Sin ropa se nace,

se brota

desnudo se llega:

partida a partida.

II.

No tener adonde ir

no es que nadie nos espere,

es no tener donde regresar:

la muerte es nacer afuera.

Orillas

afuera ladra un perro

a una sombra, a su eco

o a la luna

para hacer menos cruel la distancia.

siempre es para huir que cerramos

una puerta,

es desierto la desnudez que no es promesa

la lejanía

de estar cerca sin tocarse

como bordes de la misma herida.

adentro no cabe adentro,

no son mis ojos

los que pueden mirarme a los ojos,

son siempre los labios de otro

los que me anuncian mi nombre.

foto: la espera - liliana muente

Hugo Mujica

Hugo Mujica

La vida nos sobrepasa en posibilidades

Hugo Mújica (Buenos Aires, 1942) es una de las voces más destacadas de la poesía argentina de los últimos años. Su trabajo no se centra exclusivamente en la creación, sino que la palabra ocupa el centro de sus reflexiones ensayísticas. La palabra como creación y, a la vez, como espacio de reflexión. Su poética es una renuncia explícita de sí mismo para convertirse en expresión de la vida, estableciendo una escucha íntima y constante con el mundo:


Sólo una vez cae cada lluvia

y todas sus gotas son

esa lluvia».


Es precisamente esta ofrenda gratuita, este despojamiento, lo que convierte a Hugo Mújica es un escritor inclasificable, y ojalá sea así siempre. Su andadura durante unos años como artista plástico, su permanencia durante siete años en un monasterio trapense entregado al silencio, y su entrega a la creación poética, no hacen sino enriquecer la obra de este autor complejo en su simplicidad.

—Ningún libro mío es aislado de mi obra. Siempre trato de ir desnudando los mismos temas, reduciendo las tres o cuatro preguntas de la vida a lo esencial, para tratar de atraparlas en su desnudez, no en sus revestimientos. Quizás los dos o tres temas de este libro sean la insistencia en la alteridad, como lo otro fundativo de uno mismo, como la gratuidad fundativa de todos los actos. Parte de eso es la espera, la recepción, la pasividad... Todo aquello que implica que la vida está hecha sin la incidencia de uno sobre la vida y que, lo propio sea más recibir que hacer. En todo caso, en lo que se refiere a la creatividad, hay que dejar que las cosas se digan en uno y, de esa conmoción, sea uno el que diga las cosas.
Es una obra de continuación. Mi obra, en general, es de continuación. Yo diría de obsesión, no de ruptura. En todo caso puede haber evoluciones de índole formal, pero no creo que de contenido.»


Obsesiones poéticas

—Yo no diría poéticas, digamos que son las obsesiones de mi vida. En este caso, se expresan poéticamente, como en los ensayos, ensayísticamente; o en los cuentos, de otra manera. Son, simplemente, la incógnita o el asombro de estar vivo y sostenido. Desde no haber elegido estar, ni de elegir el partir. Encontrarme en medio de la existencia que recibí y que tengo que hacer propia. Eso, por suerte, no ha dejado de sorprenderme, ni de intrigarme. Quizás tampoco trate de contestar sino, a través de la literatura, mantener abierto ese asombro


Encuentro con la Poesía.

—Siempre estuve inserto en la creatividad, mi primera carrera fue Bellas Artes. Yo diría, que empecé a escribir cuando en mi persona se dio una transformación del hablar al escuchar. Mi comienzo a escribir poesía implicó empezar a escuchar que es el lenguaje el que habla. Incluso en el sentido físico. Estuve siete años como monje trapense con voto de silencio y fue, después de años de silencio, cuando empecé a escribir. Así que, más que una teoría, fue una experiencia inclusive geográfica.


Hombre de Filosofía, hombre de pensamiento.

—Más que de Filosofía, soy un hombre de pensamiento. La diferencia está en que no me interesan las ideas sino, me interesa la experiencia que el pensamiento tiene de la vida. Más que filosofar en el sentido de armar teorías o sistemas; soy más de reflexionar desde una cierta distancia sobre lo esencial que los acontecimientos tienen.


La poesía es existencia.

—La poesía va más por el relámpago que por el trueno. Va más por la intuición que por el pensamiento, que sería el comentario de lo intuitivo. Creo que el contacto con la poesía es un contacto tan existencial, que apenas caben palabras en la separación del contacto y uno. Quizás la filosofía sea el aspecto más vertical, tratando de desglosar aquello que intuitivamente se experimenta en la poesía.

 


Estética vs. Ética.

—Creo que siempre fue así, lo que pasa que hoy tenemos tal conflicto con lo ético que surge este planteamiento. En otras épocas existía la ética como presencia, no se le pedía tanto a otros lugares para que fuesen éticos. Entonces la estética era independiente porque de la ética se ocupaban otros. Hoy la poesía es uno de los pocos lugares que han quedado fuera del mercado y de toda manipulación. Así que ahora parece que a la poesía se le pide que sea testigo de otras ausencias. Pero creo que, en general, siempre fue más estético que ético; no divorciado de la ética, pero no era su planteamiento esencial. Los planteamientos reaparecen cuando carecemos de aquello que planteamos.


Peligro: poesía de alta tensión.

—La poesía no se debe poner de moda porque pasaría a ser de consumo, y la poesía requiere, desde un ámbito físico y psíquico, de tensión y de contemplación, de disponibilidad para su lectura, que no puede ser fácil. Es para leer casi a contra pelo de dónde va la vida ahora. Es como ver un cuadro de Barnett Newman; implica pararse por lo menos veinte minutos frente al cuadro, no pasar delante de un Newman y estar leyendo, con ansia, el autor del cuadro siguiente. El arte en sí requiere una actitud que no hay. Que la pintura ha pasado a ser mercado, que el éxito de una exposición sea la cantidad de cuadros y la cantidad de gente que la frecuenta, esa es la distorsión. Si la poesía pasa a ser moda, no tendría nada que ver con ser poesía, tendría que ver con que la gente compre libros de poesía.
La poesía debe tener un público pequeño. Eso no significa que este sea mejor que la señora que cocina en su casa, o que el jardinero, o que el que trabaja veinte horas para dar de comer a sus hijos. Lo que hay que cuidar es que lo elitista no se vuelva superior a otra cosa. Pero es verdad que hay cosas que están dirigidas a poca gente... Y está bien, teniendo en cuenta que este público no es mejor que nadie.


El lenguaje poético se aprende.

—El proceso poético no se puede aprender, la técnica sí. La poesía se plasma en un lenguaje, en un vocabulario, en una gramática, y de ahí para arriba, se está manejando una instrumentalidad. Se puede enseñar a manejar los instrumentos, pero el contenido lo tiene que poner la vida del poeta y el genio, el ángel o como tenga que llamarse, se tiene o no se tiene. Sin embargo, se puede tener todo esto, pero si no aprendo el idioma, no podré escribir en checoslovaco.


»Se escribe perdiéndose en la búsqueda sin llegar a lo que se busca».
—Bastantes poemas míos juegan con esta idea. Toda llegada es reflejo, pero no es llegada. La búsqueda, la pregunta, versa sobre la idea de que la vida es desplazamiento; gracias a ello se produce el sentido. Tal como está configurado nuestro cerebro, por lo menos en Occidente, lo que llamamos concepto de identidad es coincidir con algo, cuanto más se coincide con eso, más verdad es. Para mí no hay llegada. Hay un poema mío que termina diciendo: el horizonte que no sea llegada es el don final de la vida.

La vida nos sobrepasa en posibilidades, como la geografía nos sobrepasa en desplazamiento. De búsqueda en búsqueda se va tasando la vida. La vida no tiene llegadas. Las llegadas no son más que claudicaciones que uno va haciendo.

También juego con la experiencia de la fe y la esperanza. Nosotros sólo podemos esperar lo ya conocido. Mientras que la esperanza es la apuesta porque la novedad surja, porque ni siquiera sabemos lo que esperamos. Es novedad, no proyecto.


El sentido de la vida, entonces: ¿existir?

—El problema surgirá entonces en definir qué es existir. El sentido de la vida es desplegar la vida. Lo que cada uno recibe de la vida es ser nosotros mismos. Yo me recibí a mí como don de la vida. Como si la vida quisiera ser novedad a través mío. La vida es desplegar ese don, donándolo lo más posible.


Las palabras, fin y principio.

—Son la posiblidad de comunión que tenemos con el mundo, con el otro, hasta con uno mismo. Uno no podría saberse ni pensarse si no es a través de las palabras.



Los silencios, principio y fin
.

—Las palabras nacen del silencio. Una vez dichas, vuelve a estar el silencio. Todo es flujo y reflujo. El fundamento del ser es la expresividad, del silencio a las palabras y de éstas al silencio, no una cosa u otra.


»El silencio es la medida de mi poesía».

—Cuando yo leo poesía es el único momento donde yo puedo constatar al lector frente a mí. Mido la calidad que pareciera o no pareciera tener mi poesía a través del silencio, o los no silencios de la gente. El silencio que deja mi libro al terminar, parece que lo logro. Es como cuando termina un concierto y la gente tarda en aplaudir porque no se atreve a romper con esa magia que ha ocurrido. Ese instante es el aval de todo lo que ha pasado. El silencio que acontece después de la poesía, avala la calidad de ese poeta.


La verdad es fragmento.

—Todo es fragmento. Después de la muerte, quizás el único cambio de los griegos hasta ahora es que la realidad es fragmento. La continuidad es simplemente un armazón lógico para movilizarnos, y para poder de alguna forma abarcarnos. Pero cuando se testimonia la verdad, independiente de las necesidades, es fragmento, y la poesía tiene que expresar un fragmento. No hay totalidad, pero no es que sea carencia de totalidad, sino es como el relámpago, que es total en sí mismo. Como digo en un poema de este libro: «un tajo es siempre un tajo entero». El fragmento es expresión de una verdad, no es pedazo de otra cosa.

DE: Clepsidra

Gabriela Piccini

Poema

Murió mientras dormía.

La mató una estrella.

Marosa Di Giorgio

El oído se obstina en su tarea

y sabe el pulso menguante del aire

el viento se abandona a los pájaros

se pierde

la tarde

donde algunos árboles suceden

Ahora los grillos levantan oscuridad en los rincones

y la niebla se adelanta

Ni un solo gesto en la hojarasca

No hay rumor entre las constelaciones

La luna se abstiene

¿Acaso saben que la estrella hoy es un cuchillo

que sangra el silencio?

 

Luis Issaly

Grietas

Si faltaba uno más, estaba lleno

Macedonio Fernandez

Aplastado por una multitud

de ausencias presentes

termino cuando las nubes

inventan silenciosos colores

para justificar al sol.

Los pasos débiles de mi sombra

van bebiendo humedos pastos.

Desde el viento

murmuran los árboles

temerosos.

Ausente de silencio

una golondrina

                     se va.

lo fatal

Rubén darío

Nicaragua

A René Pérez

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Periodo de reflexión aguda

Periodo de reflexión aguda

Período de refexión aguda

Dígase gravedad o gravitencia,

la pregunta sigue siendo la misma:

¿ estoy gravitando este círculo acomodativo

que da piso a mi consistencia ?

Tal vez,

pero todos aquellos

a los que se les ha dado una muerte temprana

de bloques yuxtapuestos de frivolidad en caja,

creen que me conocen demasiado

como para dejarme acomodar en el lugar que yo quiera.

Foto: de cartónpiedra - liliana Muente

 

Grises del bosque - Liliana Muente

Grises del bosque - Liliana Muente

Se enseña en la Argentina la historia real del país?

Osvaldo Bayer “Nos siguen metiendo desde chicos la polémica de unitarios y federales en vez de enseñarnos la historia social argentina.” A pesar de que en las dos últimas décadas algo se hizo para mejorar pedagógicamente el nivel científico de la enseñanza de la historia argentina, podemos decir que todo continúa siendo un desastre. Y no somos tremendistas. En general se sigue la línea liberal o, en otras palabras, la enseñanza de nuestra historia tradicional. Pero ya muchos se han liberado y, como partisanos, se han lanzado a la guerrilla revisionista dentro de los claustros. Desde el 25 de mayo de este año están muy contentos porque creen que ahora vendrá el gran florecimiento del revisionismo histórico. (No les vaya a pasar lo que les ocurrió en el primer gobierno peronista cuando todos eufóricos preparaban el gran retorno de los restos de Juan Manuel de Rosas y, de pronto, Perón bautizó a los flamantes ferrocarriles argentinos nada menos que con los nombres de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Julio A. Roca y Justo José de Urquiza). Pero así como la versión liberal de nuestra historia envenenó muchas generaciones con la semilla de su odio, así los llamados revisionistas –que no son otra cosa que rosistas- tratan hoy de voltear muñecos y estatuas sin querer reconocer nada positivo a hombres que querramos o no- hicieron un país que tendrá, no lo discutimos, sus muchos lados malos pero que también presenta formas de vida positivas de profunda raigambre liberal. Porque no podemos negar que entre el fusilamiento de una mujer preñada como Camila O' Gorman y la ley de registro civil y las disposiciones sobre hijos naturales, el país dio un paso muy positivo. (Ya conozco señores revisionistas, sus argumentos del caso, pero no hacer responsable, en última instancia, a Rosas de ese caso es lo mismo que decir que Yrigoyen nada tuvo que ver con los fusilamientos de la Patagonia ni que Lanusse es responsable por lo de Trelew.) Estoy con el verdadero revisionismo. Tenemos que leer y releer mucho a Busaniche y a Vicente Sierra para dar el primer paso hacia ese revisionismo. Que debe ser objetivismo, actitud científico, método, y por encima de todo eso, honestidad intelectual. Y, por supuesto, ante todo, el estudio profundo de la estructura económico-social de la época que se quiere interpretar. Enseñar la historia nuestra tal cual se está enseñando es la mejor muestra de inmadurez. Pero, claro, es el aspecto de la misma inmadurez política que estamos demostrando en los últimos años. Alcanzaremos esa objetividad histórica, ese revisionismo histórico, cuando enseñemos que la historia del hombre es la historia de la lucha por el poder. Y el hombre nuevo será íntegramente formado cuando comprenda ese concepto y comience a preocuparse por la historia de las rebeldías. La historia del poder es siempre la historia de la infamia (con más o menos salpicaduras). En otras palabras, es la historia de las fortunas, que siempre vienen aparejadas con el poder. Y por eso, para mantener el poder, hay que falsificar la historia (hay que decir que Rosas era un asesino o que Rivadavia era un ladrón; claro que en otros lados la cosa es peor; hacer desaparecer a Trotsky de la historia oficial de la revolución rusa, por ejemplo.) A nosotros, aquí en la Argentina, nos siguen metiendo desde chicos la polémica de unitarios y federales en vez de enseñarnos la historia social argentina, las luchas obreras desde fines de siglo, los movimientos socialistas y anarquistas y la dura represión que sufrieron. Es increíble, por ejemplo, que nuestros alumnos secundarios sepan todos los detalles del fusilamiento de Dorrego e ignoren el fusilamiento de centenares de obreros en la Patagonia, en 1921, en la huelga más extendida y prolongada de la historia argentina. Se enseña el levantamiento de Liniers contra la Junta y se ignora qué pasó en Semana Trágica de 1919. Se estudia quién asesinó a Maza pero no quién reprimió sangrientamente la huelga de La Forestal. En resumen, nuestra historia se enseña muy mal. Y se enseñará bien cuando llamemos héroes no a los acartonados militares y abogados que lucharon por el poder sino a los humildes ciudadanos que dieron sus vidas por la libertad y la dignidad del hombre. Osvaldo Bayer (1927). Nació en Santa Fe. Periodista y escritor. Obras: Severino Di Giovanni (1969); Los vengadores de la Patagonia trágica (1971-72).  De: WWW. Elhistoriador.com.ar